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No son pocos quienes dicen que el mejor cine americano actual se "hace" en las series de la tele. Esta película viene a demostrarlo, de forma un poco perversa: el director Nelson McCormick ha dirigido episodios de varias, y no de las peores ("CSI", "Prison Break"), pero cuando Hollywood le premia ascendiéndole a la liga de director-de-cine (¿o es que ya no es un ascenso?), se descuelga con esta película de terror adolescente tan rutinaria que varias escenas parecen salidas de "Scream" o más bien de la parodia "Scary Movie", a cuya protagonista incluso se parece la traumatizada heroína de ésta, Brittany Snow. A saber, tenemos un hotel en donde se celebra el tradicional baile de graduación y un asesino psicópata que casualmente acaba de escapar de la cárcel sin ningún asomo de haberse redimido: con el llamativo (vamos, que no entendemos cómo nadie le identifica) disfraz de psycho-killer rural fan de Billy Bob Thornton (o de Bardem), el villano espera en un cuarto de hotel al que van subiendo solas o en compañía de otros todas y cada una de sus presuntas víctimas: aquéllo parece una versión tétrico-tonta del camarote de los Marx.
Tiemble después de haber reído, se llamaba una sección de "La codorniz"; aquí uno se ríe del tópico, luego bosteza y luego se le desencaja la mandíbula del susto, que siempre proviene de un trallazo de la banda sonora más que de la manipulación del suspense o de nada que se le parezca. Parece que lo del I+D narrativo es más facil encontrarlo, desde luego, en la pequeña que en la gran pantalla, sobre todo cuando acoge propuestas virtualmente autoparódicas como ésta.
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